El votante moderado es hoy una especie en extinción.
Las primarias anuncian que los extremos de izquierda y derecha querrán ocupar el centro en los próximos meses. La pregunta es, entonces, qué es el centro. En recientes investigaciones del CEP —sobre los independientes en la Cámara de Diputadas y Diputados y sobre los ciudadanos indiferentes (aquellos a quienes les da lo mismo si nos rige un gobierno democrático o uno autoritario)— se observa que el centro tiene baja coherencia en la Cámara y es excéntrico en la ciudadanía.
El votante “moderado” es una especie en extinción y la política con suerte lo interpreta. Esto anticipa una disputa por un centro que ya no existe, al menos como se imaginaba en “tiempos serenos” de cambio de siglo.
En la Cámara, a la luz de sus patrones de votación desde inicios de 2024, el centro político se compone de varios independientes, algunos demócratas, amarillos y socialcristianos. Republicanos e independientes libertarios —en el extremo derecho de la distribución— son los más cohesionados en su conducta de votación. Comunistas y Frente Amplio son su némesis en el margen izquierdo; también muestran alta cohesión en votaciones.
Centroizquierda y centroderecha son menos cohesionados, y el centro de la Cámara es pequeño y desordenado. ¿Sabe qué anticipa un centro despoblado y oscilante? Anticipa polarización, apuestas más radicales y colapso, hacia uno u otro lado. El centro bascula; no es mediador.
En la ciudadanía, los indiferentes van al alza desde 2022; hoy llegan a 34%. Quienes prefieren un gobierno democrático bajan a 44%; y 18% opta por un gobierno autoritario. El ciudadano indiferente, ya sin confianza en las instituciones políticas, se interesó en los independientes de la Convención por su “autenticidad”, también en la política del rechazo a la política que impulsó el PDG. Después coqueteó con la inmersión emocional de la nueva “patria joven”, con la mano dura republicana y con el oxímoron del nacionalismo libertario.
En su viaje se encontró con populistas, autoritarios, demócratas, indígenas, inmigrantes, barras bravas, identidades móviles y coreografías kpop; y nada lo convenció. Son un centro excéntrico dispuesto a probar la próxima apuesta, porque de lo anterior, nada realmente resultó.
Hay un conocido eslogan entre expertos electorales: las primarias se ganan en los extremos; las elecciones en el centro. Pero hoy el centro no es sobriedad ni moderación; si no, Tohá habría ganado y Matthei daría pasos más seguros. Entre los tiempos de Lagos-Longueira y los de hoy media la pérdida de horizontes de Estado de largo plazo, convertidos ahora en saltos emocionales entre rabia, alegría, miedo y sorpresa en redes sociales. Pero principalmente media el swing del ciudadano indiferente y, junto a él, el florecimiento de muchos nuevos partidos que corren detrás aspirando a encontrar la piedra Rosetta de la política chilena.