9/11/2025

Oficinas Locales de la Niñez: una promesa en construcción

Autores
  • Rosario Palacios

    Investigadora C22

Oficinas Locales de la Niñez: una promesa en construcción

Para que las Oficinas Locales de la Niñez cumplan su propósito, deben consolidarse como instancias estables, con equipos preparados y recursos suficientes.

Está claro que los niños no son todos iguales ni viven las mismas situaciones sólo por el hecho de tener la misma edad. Su experiencia se sitúa y despliega de maneras múltiples en el territorio, por lo que las políticas comunales para la infancia son centrales.

Las Oficinas Locales de la Niñez (OLN), creadas por la Ley de Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, buscan justamente responder a esa diversidad: coordinar los esfuerzos sectoriales desde los municipios y adaptar la protección de derechos a las realidades locales. Para que ese propósito no se diluya, será clave que las OLN logren consolidarse como instancias estables, con equipos preparados y recursos suficientes, capaces de conectar las políticas nacionales con la vida cotidiana de los niños y niñas en cada comuna.

En 2022 se implementaron 90 OLN; en 2023, 14 y en 2024, 77 OLN. Para 2025 se proyecta implementar las 69 OLN restantes y, aunque el proceso no esté terminado, ya se pueden vislumbrar desafíos y oportunidades para esta nueva institucionalidad.

El primero es contar con equipos capacitados y actualizados para sus funciones.  Estas oficinas reemplazaron a las antiguas de Protección de Derechos de la Infancia (OPD), ampliando su función desde la protección a la promoción de derechos.

Este cambio requiere de profesionales con conocimientos especializados, sin una mirada asistencialista, capaces de fortalecer la autonomía y participación de niños y niñas, y de articular su acción con los nuevos servicios de protección especializada y reinserción social juvenil. Sin embargo, la mayoría de los equipos de las OLN trabaja con financiamiento temporal, una condición que genera rotación constante y debilita los procesos locales.

Hay, eso sí, experiencias comunales que muestran potencial. En comunas donde ya existían equipos de niñez que coordinaban programas locales, la implementación ha sido más fluida. Estos casos permiten entender lo clave que es contar con una instancia que tenga una mirada integral sobre las distintas que viven niños y niñas, y evidencian lo central que es el acompañamiento comunal desde una posición que comprenda el contexto y las características de cada territorio: sus servicios de salud, sus escuelas y sus dinámicas barriales. Sistematizar estas buenas prácticas puede ser clave para avanzar en una instalación exitosa.

Finalmente, un financiamiento suficiente y estable es condición indispensable. Muchas OLN aún no cuentan con los recursos para operar. Su diseño contempla herramientas esenciales (como los consejos consultivos de la niñez y la gestión integrada de casos de vulneración de derechos) que requieren presupuesto y apoyo técnico. Sin ello, las OLN corren el riesgo de convertirse en un gesto simbólico más que en una garantía efectiva de derechos.

No desperdiciar la oportunidad de que los municipios se transformen en actores protagonistas de la protección integral de la infancia dependerá de que la promesa de las OLN se concrete con equipos sólidos y recursos permanentes que aseguren su continuidad más allá de las buenas intenciones.

Autores
  • Rosario Palacios

    Investigadora C22