La estetización de la política reemplaza el juicio moral por el performativo
En una columna publicada en La Tercera, Aldo Mascareño analiza cómo ciertos sectores de la política contemporánea privilegian la puesta en escena de la pureza moral por sobre el debate sustantivo de las ideas, transformando la confrontación política en un ejercicio de purificación simbólica frente a la audiencia.
El sociólogo advierte que esta lógica de la pureza tiende a desplazar la deliberación democrática hacia la exhibición de virtud, dificultando los acuerdos y profundizando la polarización al convertir cualquier matiz o concesión en una forma de contaminación moral.