Universidad entre invención y herencia: el trabajo de las ciencias sociales y humanidades
LA FÓRMULA DE CONTINGENCIA ‘UNIVERSIDAD’
En las primeras décadas del siglo, el concepto de complejidad se ha popularizado. Probablemente la experiencia de inmanejabilidad de distintas situaciones críticas contribuyó a ello: imposible eliminar el terrorismo porque cada represalia queda atada a una futura venganza; imposible contener la burbuja subprime, solo su crisis podía acabarla; imposible poner a todos de acuerdo para manejar el cambio climático, solo queda partir de a poco y esperar; imposible revertir el descenso de la natalidad, solo cabe adaptarse institucionalmente a la pirámide invertida; imposible limitar el avance tecnológico de la IA, solo queda sorprenderse cada día. Entonces, todo se volvió ‘complejo’, pero paradójicamente, la complejidad se entendió de manera trivial, como un reconocimiento encubierto de la ignorancia sobre las causas de los problemas, como equivalente semántico de ingobernabilidad y, por tanto, como un llamado a la acción para ‘hacer algo’(no se sabe bien qué ni cómo) en contra de lo que no se entiende. Sloterdijk (2018) denominó a esto el ‘levantamiento contra la complejidad’. Incluso las universidades se dividieron entre ‘simples’y ‘complejas’—una distinción, además, demasiado simple, que nuevamente trivializa la complejidad del mundo y de la universidad del siglo XXI.